miércoles, 30 de diciembre de 2015

La victoria es nuestra 

Leandro Area

La victoria es nuestra

                    Bajo la mirada vigilante y por si acaso nutrida de los medios de comunicación internacionales, predispuestos al principio y sorprendidos al final, en Venezuela se acaba de realizar una consulta electoral en la que la ciudadanía, cuya participación fue del 75% del total de votantes, decidió sobre la conformación de la nueva Asamblea Legislativa para el periodo 2016-2021.

Resultó favorecida de manera abrumadora y contundente por el voto ciudadano la oposición democrática, reunida en torno a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), frente a la opción gubernamental representada por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y sus aliados, concentrados alrededor del llamado Polo Patriótico.
Las cifras oficiales resultantes de la misma, publicadas a trompicones por el órgano comicial, Consejo Nacional Electoral (CNE), devoto histórico del gobierno, otorgan a la oposición, sin que entremos en mayores detalles, 112 curules de los 167 del total, quedando en número respetable más minoritario los 55  escaños obtenidos por el gobierno que desde hace 17 años domina, avasalla y pervierte, con desenfreno de heliogábalo corruptor, a todos y a cada uno de los poderes del Estado. Aquí los mal hablados dirían que “perdieron por paliza”, refiriéndose a los candidatos del gobierno, pero esta es un particularidad en el lenguaje que preferimos tan solo consignar aquí para mayor comprensión de la psicología social y política, en apariencia juguetona o mordaz, de la gente de por estas regiones extraviadas del mundo.
En todo caso nada fuera de lo común debía resultar en un país que quiere que se le llame democrático o al menos así se lo menciona formalmente en el texto constitucional, que unas  elecciones arrojaran resultados distintos a los que aspiraba el partido de gobierno quien en definitiva no es dueño de nada ni de nadie aunque ni lo oculte ni disimule en sus permanentes y obsesivas aspiraciones totalitarias que se expresan en su manera de pensar, decir y actuar.
Porque en definitiva no es democrático el gobierno, ese no es su talante y sus acciones y omisiones así  lo delatan sin el menor rubor. Aquel que debió ser y no lo es representante de todos los ciudadanos de esta nación nombrada Venezuela y no tan solo de una parte de ella que dan en clamar “pueblo”, que es el seudónimo más tramposo y demagógico del universo, ahora que perdieron las elecciones dice los castigará quitándole el sueño de tener una vivienda digna porque en este momento, les sonsaca el presidente, está viendo a ver si en verdad las construye, ya que no votaron por él. O exigen, dicen las malas lenguas, les devuelvan el taxi que les regalaron a algunos simpatizantes a cambio de su voto me imagino y que ahora que perdieron, el negocio se fuñó, está roto. ¡Qué devuelvan ese corotero!
¿Este resultado electoral quiere decir que el gobierno se acabó definitivamente? Lamentablemente no, aunque por sus reacciones pareciera que sí. Perdió el vínculo que mantenía por varias vías, valorativas o utilitarias, con las mayorías. Ahora es menos que un extraño. Un invasor, un mentiroso declarado que no cumplió con lo ofrecido.
A todas estas, adictos al poder, se han puesto ora lacrimosos ora vociferantes, ora sublimes ora extraviados que ya no encuentran qué hacer con su guayabo. Las derrotas son huérfanas y se han convertido en buscadores implacables de culpables y los tienen al lado, son ellos mismos y más nadie. Pero no, racionalizadores de su fracaso miran hacia afuera, para arriba, abajo, a la derecha, a la guerra económica, el imperio, fantasmas, embusteros galácticos  que  se solazan en el auto engaño.
Se les olvidaron las letras del ABC político o es que no están hechos para entender una realidad como la de ahora que ya no les pertenece, de la que se extrañaron ellos mismos a fuerza de ambición, corruptela y negociado. Desconectados de las cosas hablan, gesticulan como niños malcriados. Mamá, que yo no fui, que fue Jaimito. Se hacen los locos.  No entienden que en democracia, porque no son demócratas, el voto no es una pertenencia, los ciudadanos no son esclavos, los liderazgos no son ni amor ni frenesí sino un elusivo vínculo que hay que ganarse y mantener con esfuerzo personal, político y administrativo y que es alternativo, cambiante, engañoso e infiel si usted me apura a dar explicaciones.
¿Este resultado electoral anuncia que la oposición llegó para quedarse? Ojalá que sea así, con tal que lo haga en procura de lo que dice defender, que no lo dudo, y frente a lo que se resiste con coraje como lo es el irrespeto de los derechos humanos, la pobreza y la injusticia social en todas sus expresiones. No es fácil ser oposición en estas dictaduras y por lo tanto no es difícil caer en la trampa de la imitación. Pero la fuerza de hoy reposa en ellos. La ciudadanía los apoya y observa.
La oposición deberá madurar superando sus debilidades que tienen que ver con dos aspectos cruciales: el de los demonios internos del egocentrismo que restan a la unidad política, cuántos diputados no perdimos por ello, y la concreción de un proyecto audible de país, comprensible, compartido, deletreado, masticado y digerido con y por la mayoría de los venezolanos. La oposición debe seguir en la calle. Debe continuar por otras vías en campaña política. ¿Cuáles? Habrá que definirlas. La Asamblea es tan solo una geografía institucional desde la cual trabajar con los ojos puestos en el país y no en el escritorio. Debemos multiplicar la victoria.
En todo caso y en paz el país hablo con voz precisa. Su mandato es cambiar. Escogió un referente político que es la oposición, pero hay un exceso de ilusión peligrosa que pone sobre sus hombros componer un país que otros destruyeron. Y el tiempo de hoy apurado por las necesidades y las urgencias es más veloz que nunca. El gobierno no sirve, no sirvió, así roten a todísimos los ministros. El problema no radica allí sino en el modelo. La oposición tiene la esperanza de todos en sus manos. Ese es el camino en el que andamos que no es de rosas y que además es culebrero. Pero los dados se jugaron y la victoria es nuestra.
El día de los días
En Venezuela hemos hecho un gigantesco esfuerzo para crecer, vencer, y salir de lo hondo de la mina que somos. Lo digo desde el lenguaje de los míos que son muchos, que son de los que piensan que este país tiene que tomar otro rumbo y que triunfar no es sinónimo de deuda sin pagar o de venganza, de lo tuyo o de lo mío, que es más allá de tus propias narices. Y que ya a esta geografía le sobran, menos mal, tantos loros y reinas, imágenes, manantiales, caudillos, aceites y corsarios, y le falta, eso sí que le ha sido azaroso y mezquino, un denominador común, una raíz que no sea el fracaso de hoy sino por el contrario una pujanza, una sola garganta que incluya mil registros, los que se expresan a través de la cultura democrática, para nombrar la diversidad que somos, que sufre en común y se despierta imagino, soñando todavía con ser alguien por fin en esta vida.
Porque estos abuelos, padres, madres, hijos y demás herederos, retoños por igual de esta agraciada tierra hoy plena de desgracias, merecen más que este vendaval que hoy bufa su deriva. No es este nuestro mérito, lo que valemos, orgullo más estima, horizonte ahora vertical picado en dos mitades, sin perspectiva alguna de bondad o regocijo, con el que se nos conmina a padecer el enrollado devenir de nuestras interminables inclemencias diarias. Horizonte sin horizonte. Calle ciega.
Tampoco nuestro pasado merece tanta vergüenza. No creo que exista héroe civil o militar de los de aquí, de esos que hacen hablar desde el poder como a unas marionetas, inventándoles figura, gracias, vida y muertes, que desde el pasado puedan estar conformes con esta andanada de desprecio en cadena. Ninguna lección de historia permitirá en breve narrar objetivamente esta conjura, esta venganza organizada para justificar una deshonra. Al menos no por ahora. Pasará mucho tiempo para que sanen estas heridas rojas. Será un aprendizaje, una superación de los espíritus, una expiación insólita y lunática, como si un rayo nos hubiera caído en mitad del desierto en una insondable alucinación.
A veces me recojo a observar, desde mi submarino, lo que ocurre en la superficie de mi entorno a través del batiscafo miope de mis radares lentos y me encuentro con una inmensidad de soslayos, de erizamientos constantes, de alergias empozadas, de tropiezos hasta para pelar la mandarina más madura, de ironías inclusive en el gesto y las señas, la sonrisa apretada a unos labios postizos. Exacto, exacto, casi todo es postizo o calculado, tramado y taimado para evitar o perjudicar al otro, esquivar su mirada, rehuir intercambios de fluidos y símbolos.
Pero también parece que se cerrara un ciclo, aunque los tiempos tengan finales lentos y tortuosos pues no se pueden cortar con una tijerita. Se acerca el día de los días que no el último, quede bien entendido.


Y llego con ilusión medida y cauta a estas alturas y miro las luces que se arrebolan con las sombras y me pregunto por qué no apostar unas lágrimas derramadas en el camino andado, lleno de zancadillas y traspiés, al porvenir que es en todo caso el sustento que nos atesora y convierte en humanos.  Por qué no dar paso a la esperanza, amar una ilusión, bailar sin piedad con nuestros semejantes, tocar todas las puertas de las casas, que salga la gente a decir basta que ya yo me cansé y tú y él y nosotros y vosotros y ellos, y todos los demás. Que fluya la parranda de votos que les vamos a dar a estos camaradas que nos salieron los peores del mundo. ¡Qué ambición de poder tan destructiva y patética! Ni para una carretera han servido a pesar de tener a manos llenas. Como para olvidarles el respeto eternamente. ¡Qué pérdida del glamour en todo caso con las botijas llenas a la vista de todos que no nos causa envidia por si acaso sino arcadas, espasmos, contracturas de vientre que incluyen en escena un sollozo, una lumbre, unas campanas de Belén, una alegría, un abrazo, una fiesta!.

Los demonios del gobierno venezolano

A la memoria de Luis Manuel Díaz
Nota del Editor: “Que la violencia sea la partera de la historia es el reino que andan provocando frente al descalabro y previsible fin del Socialismo del Siglo XXI.” Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.
A los que en Venezuela envilecen la política con el asesinato del adversario como ocurrió recién con el dirigente de la Unidad Democrática, Luis Manuel Díaz, Secretario General de Acción Democrática en Altagracia de Orituco, estado Guárico, faltando apenas días para las elecciones a través de las cuales se renovará el Parlamento, la derrota electoral de los candidatos afectos al gobierno de Nicolás Maduro calzará a la medida de sus más laberínticos demonios y miedos que no son otros sino los que se resumen en la pesadilla en la que ellos suponen, sus razones tendrán, se convertirán sus vidas si pierden el poder. Allí se explicaría su violencia.
Al que aquí les lleve la contraria, “todo el poder para los Soviets” Lenin dixit, le tachan de enemigo del pueblo, de la revolución, “apátrida” lo insultan, bajo cualquier pretexto se le aplican otras formas de intolerancia menos brutales y sangrientas que el crimen si se quiere, como la cárcel por ejemplo, el exilio, la inhabilitación política y demás alimañas como la humillación en público frente a las cámaras u oídos de tantos radio escuchas, o a través de medios de comunicación escritos, todos de ellos, casi, que para eso ya se han convertido en unos expertos que ni en el imperio, tan absorbentes e inseguros y tan de monopolio al mismo tiempo como corresponde que si te pones a ver no hay para que extrañarse con tan buenos y flamantes maestros que se gastan.
Así que pudiera pensarse, de libreto y si así fuera, que lo que se busca con hechos como el crimen de marras, es generar temor e inhibición o antes bien encender y multiplicar odios, desprecios e iras, que todas, solas o juntas, verdaderas o falsas, son malas y perversas consejeras; fuerzas desatadas que en manos de insalubres gobiernos, como el de aquí y ahora, sin institución ninguna de contrapeso, pudieran traer funestas consecuencias para los que creemos en la Democracia; demonios, otra vez, que sueltos en una sociedad polarizada, frustrada , de tradiciones caudilleras y sin referentes de autoridad civilizada bien definidos y creíbles, sean estos carismáticos, afectivos o legales, desataría energías de venganza o revancha, en todo caso caóticas y sin control, que harían necesarias reacciones ya de guión y fuerza militar, conocidas por dictatoriales, sórdidas y cruentas.
Que la violencia sea la partera de la historia es el reino que andan provocando frente al descalabro y previsible fin del Socialismo del Siglo XXI, que no se necesita ser vidente, como emblema de un pasado ya muerto y más ahora con Argentina como esperanza tan cerca mordiéndoles los talones: suspensión de elecciones, estados de excepción, cesación de garantías, alteración del orden público, restricción de los derechos constitucionales, juntas cívico-militares o militares-civiles, intervenciones extranjeras, violación de la soberanía, “nos espían”, “nos invaden”, “nos roban”, paramilitarismo, magnicidios, cierre de fronteras y un largo bostezo de etcéteras que hasta ellos mismos se ríen de ellos mismos pero ahora ya en serio; cualquier cosa con tal de no perderlo todo que ya está perdido de antemano y lo saben que era ante todo aquel afecto, que más que amor frenesí, que existía frente a la realidad de hoy que es de hambre, de escases, de inseguridad y de todo lo demás para ser breves y que la gente del común expresa a través de una sencilla frase: “Este gobierno ya no sirve”. La hipnosis aquella ya pasó.
Pero mire que tratándose de estos energúmenos para quienes respeto o afecto no tienen ninguna jerarquía ni prosodia, es posible cualquier trastada y más aún sintiéndose derrotados aquí adentro y preocupados por lo que piensan y murmuran por allá los gobiernos que nos chulean y malgastan con tal de no entregar. No es cuento, ellos mismos lo dicen y de ñapa se ríen.
Ahora bien, a pesar de sonar demasiado prudente y casi que temeroso, timorato más bien, el rechazo indignado pero nunca violento, organizado y contundente en todo caso, tendría que ser la reacción que la sociedad venezolana y sus dirigentes deberíamos demostrar frente al natural sentimiento de dolor, odio y ganas de justicia, la hoy corrupta, como reacción al asesinato, en tiempos de impunidad, de un dirigen político cuyo único pecado fue no pensar igual que los que propiciaron y ejecutaron su crimen, sea quien sea, y creer que un país distinto era posible.
La sociedad venezolana frente a este homicidio debe levantar la voz y rechazarlo de la manera más rotunda y dar demostración de convencimiento republicano a través del voto, la participación y la calma, en estos momentos turbios y provocadores, calculados quiero decir, desde el poder y no caer en celadas y trampas que de ellas ya debiéramos estar curados en salud y hasta la coronilla.
Los líderes democráticos de esta hora crucial deben ser de lo más suspicaces y cautos, orientados y orientadores, unidos más que nunca si alguna vez lo fueron, pues lo que está pasando, frente a las tupidas narices de los observadores internacionales, podría ser la chispa, la celada, otro tipo de fraude, que dispare consecuencias funestas, todas favorables a los intereses del torvo gobierno que tenemos la mala leche de padecer desde hace ya hace 17 años y que no quiere aceptar por las buenas la simple evidencia que se respira en las calles: que la gente está harta, hasta los tuétanos, de su mala gestión.
De la escalada de violencia proveniente desde hace tanto ya tanto, maliciada y malcriada, como sea, desde las más altas cumbres del gobierno, desde donde además se la estimula, invoca, acolita y premia, no es de extrañar que aparecieran tales eventos y bríos de maldad pues era previsible que esa misma violencia, en un clima de impunidad, fuera el instrumento con el cual es posible boicotear el proceso electoral en curso, en el que no creen sino del antifaz para afuera los representantes del más retardatario y empobrecedor de los gobiernos que en Venezuela hayamos tenido jamás nunca, que es mas allá que nunca jamás, que utilizan como franquicia burguesa el recurso legitimador de lo electoral pero frente al cual ahora reculan con terror al ver la inmensidad y la inmediatez de su derrota.
Que no quede impune la muerte de Luis Manuel Díaz. Respeto a su ejemplo que debe convertirse en memoria.

Muy Querida Argentina

Muy querida Argentina.
Afectuosa amiga.
Ciudad.
"Felicitaciones Argentina. Ganó Mauricio Macri y su equipo. Perdieron Kristina, Chávez, Maduro, los Castro, los Lula, Evo, Correa, Ortega, etc." Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.
“Felicitaciones Argentina. Ganó Mauricio Macri y su equipo. Perdieron Kristina, Chávez, Maduro, los Castro, los Lula, Evo, Correa, Ortega, etc.” Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.
Felicitaciones Argentina. Ganó Mauricio Macri y su equipo. Perdieron Kristina, Chávez, Maduro, los Castro, los Lula, Evo, Correa, Ortega, etc. Esta pudiera ser la primera advertencia que en estos tiempos anuncia, ojalá, la llegada de vientos de cambio político, tan esperados, en América Latina. Repican pues campanas de bonanza.
Internacionalmente es una derrota para el populismo que los Kirchner impusieron como forma de cultura política dominante, bajo los auspicios de su mentor del Socialismo del siglo XXI, demás compinches y tantos enchufados al silencio cómplice y mullido que inyecta el tintinar del goce que se siente al recibir, sin factura siquiera que invente alguna deuda, beneficios provenientes del festín petrolero que desde aquí se repartía y reparte aún a manos inescrupulosas y llenas, a cambio de fugaz y embusteros apoyos en comparsa.
Argentina se merecía esta victoria tan esperada por tantos y esta derrota tan merecida para otros que amasaron el poder a su manera e intereses como si fuera de ellos, y de qué forma, durante 12 larguísimos e interminables años que fueron lo más parecido al infinito. Por lo siniestro, por lo cursi e irrepetible. Por lo insoportable.
Este cambio es la expresión ciudadana de la frustración represada que se expresó a favor de la democracia y la decencia y en contra de una envilecida forma de la acción colectiva. El fracaso de los que pervirtieron la política les calza a la medida.
Esperamos pues para ti y los tuyos, Argentina, ciudadanía y dirigencia, cosechas de orgullo, prosperidad, consensos y decencia. Ojalá en Venezuela podamos celebrar el 6-D una victoria como esta. Qué gusto nos daría. Sería una fiesta en la que ustedes estarían presentes en primera fila.
Porque es que Venezuela vive las horas más oscuras y torvas de su historia. País donde ya no se puede vivir ni respirar sin tener que enfrentarse con la ambición invasiva que acaparan desde un poder corrupto los que aquí mandan a la brava, porque ningún poder limpio puede sostenerse en el ejercicio del mal como política de Estado ni en la administración perversa de una libertad envenenada que habrá que recuperar algún día en estas tierras prosperas pero marchitas.
En el calendario venezolano se asoman las elecciones legislativas del 6 de diciembre de este año que pudieran mostrar el acceso a un camino de esperanza para los que militamos en la Unidad Democrática. Lo de ustedes, con lo que tenemos de distintos y múltiples, constituye un ejemplo para toda la región y eso debe ser motivo de orgullo para los argentinos y de esperanza para todos los latinoamericanos que nos merecemos otros horizontes y destinos.
Pero por el momento dejemos los discursos de ocasión que por más que uno quiera tienden a ser circunspectos y prudentes, y celebremos sin más, juntos y por todo lo alto, este tango compadrito que nos pone a todos a bailar en medio de la calle Corrientes 348 segundo piso ascensor.
Felicidades otra vez Argentina. Te lo merecías. Estamos contigo en la distancia en la que nos arropamos con los pliegues de un verso entrañable y caminito.

Chávez: la derrota inconclusa

 Leandro Area


“El inventó una alucinación hoy marchita en el seno de tantos que ahora son más pobres y están más desamparados y desesperados que antes y no solo de lo básico sino también de lo sublime.” Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.“El inventó una alucinación hoy marchita en el seno de tantos que ahora son más pobres y están más desamparados y desesperados que antes y no solo de lo básico sino también de lo sublime.” Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.
Según se ventila en el cotarro, su muerte, digamos prematura, ocurrió en misteriosas y plurales fechas, supuestamente en Cuba, bajo los auspicios y cuidados intensivos, milimétricos y de exclusiva administración de los hermanos Castro, en circunstancias médicas además de tortuosas y enmarañadas, aún anómalas, anónimas y apócrifas.
Esos son los hechos susurrados, verídicos no me atrevería a testificar, menos aún en manos de aquellos y de estos. En fin, engorrosos eventos expuestos en inmejorables y oficiales párrafos increíbles.
Todo eso sí fabricado al detalle, no quepa la menor duda, para que su urdimbre se tejiera y cuadrara perfecta con la ascensión ilegítima de Nicolás Maduro, ciudadano con partida de nacimiento dudosa, ungido en todo caso, aunque no exento de ambiciosos rivales, a la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, como sublime y apoyado sucesor del ahora Comandante Eterno, en los manejos del poder que da un barril de petróleo al reverencial precio aquél de 100 dólares. ¿Y qué importa que no naciera aquí, en las tierras gloriosas del Libertador Simón Bolívar, si en todo caso ha sido él El Elegido y desde Allá? Tanto qué repartir y usted mirando en los rincones. No parecen cosas suyas, camarada-compadre.
Lo cierto, sí, es que la desaparición física de Chávez deja secuelas profundas para Venezuela, la región y más allá, y ofrece material de escabrosa película para inferir lo que será y ya es la previsible novela e impacto en la vida cotidiana de pueblos que construyen realidad e historia, a falta de otros propósitos y motivaciones, a partir de esos héroes de utilería que a veces irrumpen, muy de seguido por estas geografías habitadas, sobre todo en momentos de penuria y desilusión tan comunes a pesar o en razón del prodigioso exceso de la naturaleza que otorga, así no más, riquezas sin esfuerzo, benigno clima y bonhomía de gentes, falta de educación e instituciones, subtítulos y goces que tanto nos adornan.
Ahora bien, una muerte digamos que a destiempo, precoz ella, inesperada al menos, cuando un proyecto de vida se va desarrollando y deja trunca la ambición de poder que se desea destino, abona a que la gente escarbe necias preguntas en tardes de desgano, por ejemplo: ¿Y qué si aún siguiera vivo? ¡Conclusiones, buen hombre, conclusiones¡ Sigámosle la corriente a la tertulia.
Las primeras respuestas que enhebro y se me vienen dispersas a la tinta son las que aquí expongo. Primero: murió, tristemente, antes de tiempo y ello le sirvió, sortario él una vez más, para evitarle el drama de reconocer frente a sí mismo y en vida, al menos en lo íntimo y si acaso, nunca en público, su derrota militar y política. ¿Lo haría?
¿Si su vida hubiese sido más larga, cabría la posibilidad de que admitiese frente a sí mismo su ruina o descalabro como líder de su proyecto galáctico, concebido por él, el Socialismo del Siglo XXI, que aún respira aunque boqueando y que ya cojea por doquier que echó raíces y repartió, su verbo predilecto, a manos llenas y esplendidas, a cambio de tanta complacencia? Usted conoce la respuesta de antemano. No sigamos siendo tan sublimes y propiciatorias perdices. Definitivamente, no. Fue el suyo un regalado anzuelo bien cebado, garfio, pesca de arrastre, que llenó la insuficiente canoa de sus fauces con peces boquiabiertos y ahítos. Él mismo se sorprendió de su benigna estrella. Así, tan fácil, cómo echar para atrás.
Segundo: por otra parte, si te pones a ver, la muerte de Chávez retrasó su derrota y la de otros. Muriendo él, paradójicamente, le otorgó un respiro al desencanto que deja el abandono. Ganó, ganaron tiempo. El luto distrae y abstrae con su hechizo y a veces, como las moscas, es interminable. Por ahora, todavía, aún, quizás.
Tercero: sus hijos políticos y seguidores más cercanos corrompieron su legado, si alguna vez lo hubo, dándole rienda suelta a lo que codiciaban desde antes pero no se atrevían con todas las de la ley, por ahora otra vez, estando aquel en vida. Todo lo que pudo haber de razonable o ingenuo en el sentimiento originario del líder máximo, además de revanchas, carencias personales y egocentrismos, relacionado con su justicialismo social, devino, tanto durante su mandato como sobre todo después de su fallecimiento en apretados sinónimos, a saber: mentira, vileza, dictadura y corrupción.
Cuarto: internamente a pesar de estar muerto pareciera estar vivo. Está sin ser. Lo usan como a un muñeco inflable. De escudo contra ellos mismos y sus grietas que no se perciben sino a la luz de los contrastes que se asoman a través de las sombras. ! Ay de ellos cuando exploten!
Se lo inventan y asolean de espadachín contra los molinos de viento reales o tramposos, casi siempre estos últimos, para nada quijotescos en todo caso, que total qué más da. De falaz instrumento para huir de la realidad de su colectivo barranco a punta de pistola, de miedo y piñatería regalona y harto más aplaudida por cencerros y guaruras de fondo.
De hecho es él, por ejemplo y aparte, el que les hace la campaña electoral a los candidatos de su partido, el PSUV, de cara a las elecciones legislativas del 6-D próximo. No consiguen qué hacer a estas alturas. Se le oye, se le ve por doquier ya que Maduro es incompetente también para ello y más ahora con la familia presuntamente involucrada en asuntos de tráfico de drogas hacia el imperio.
Saben que el fin está cercano y le dan vida artificial al difunto. Lo exhiben sin respeto, desesperadamente. ¿Pero es que si el Jesús de Nazaret resucitó, entonces por qué no el de aquí, el de Barinas? Milagros, milagros, necesitan milagros pues la derrota, aunque les queden el C.N.E. y otras verduras, parece ya cantada.
Quinto: Sigue y seguirá siendo un referente popular, una figura coloreada que el tiempo ayudará a desteñir, hacer borrosa y por eso duradera. Habrá que agregarlo a la retahíla de bienaventurados y subir al altar casero de nuestro karma colectivo junto a las ánimas del purgatorio, María Lionza, Negro Primero, inclusive el petróleo y demás hierbas aromáticas.
Sexto: con este parque fantasmal de fondo numismático, ya derrotados, pudieran pensar hasta en hacerse guerrilleros. Tienen ya tanto atesorado para ese negociado, aunque pensándolo bien, la frustración es ciega pero no tonta, y en un país caliente y con mentalidad minero-petrolera es posible que los más cuerdos y avispados de entre ellos recapaciten y, aunque a regañadientes frente a la pantalla, sigan en la contienda política y se amolden, dirán, a las circunstancias. ¡Tomemos a Colombia como ejemplo, camaradas! ¡Dialoguemos la paz!
Séptimo: Internacionalmente la imagen de Chávez se ha convertido en una exótica opción de consumo masivo y propaganda, compitiendo en mercado con la marihuana, el Ché o con Elvis o James Dean o Madonna o todos juntos a la vez, en el batiburrillo lamentable que somos estos días.
Último: Sí, a estas alturas de la conversa que hemos tenido que ha sido todo lo que usted quiera de risible o perversa, de seria o de confusa, de discutible o de real, lo más importante y lo más grave de entre todas las cosas aquí repasadas, es que su proyecto político personal deja una ruina que no se resuelve con petróleo y menos en un día.
Él irrespetó los derechos humanos, propició la corrupción como instrumento para capitalizar lealtades, militarizó lo que antes era Democracia, destruyó las instituciones, la economía, polarizo la sociedad, él alentó la violencia, él aupó la complicidad y el silencio entre su secta frente a sus tropelías, él maltrató tanto a tantos a mansalva que no cabe el perdón y menos el olvido; cambió la manera de mirarnos los unos a los otros y tanto así que casi ya ni eso. El inventó una alucinación hoy marchita en el seno de tantos que ahora son más pobres y están más desamparados y desesperados que antes y no solo de lo básico sino también de lo sublime.
Para colmo de males, no contento con irse, allí nos tiró ese fardo que nos deja tan lejos del presente y tan aislados de lo promisorio. Constituye todo ello, supongo, razón válida para que nos unamos los que militamos, con el perdón de las palabras, en la esperanza y no en el rencor o el odio que serían, si te pones a ver, justificación para caer en la tentación de imitar lo que decimos aborrecer. Sería una trampa más de su torvo legado. Sería darles la razón, otra vez. Sería parecernos a él y a lo que representa.
Pero aunque en lo personal no quiera ser ni títere de mi tiempo ni de mis circunstancias confieso, ya que andamos por estas sacristías que inducen a confesiones y limosnas del alma, que el diálogo me cuesta, Padre, lo confieso.
Es parte de su herencia, hijo. Un símbolo herrado en nuestro ángulo más noble. Una distancia insoportable. En todo caso una culpa histórica e interminable que su memoria y la de los de él, no podrán justificar. Cargaremos con eso y hay que aprender a manejarlo. Con esa trastada a cuestas tendremos que inventar algún recurso para poder dormir en paz. Esa necesidad de adiós que nos domina. Un eco inaguantable de ganas de hasta más nunca, comandante. Un mundo por fundar, otra vez, si te pones a ver el lado repetido de la historia.